
La muerte como condena de la propia vida
En la sociedad de hoy vamos perdiendo el norte por malos gestos, falta de educación, agravios y comparaciones que no nos hacen nada bien. Estas dinámicas nos generan una desconexión desde lo humano. Por eso surge Buscando Norte: una propuesta para reconciliarnos con el ser humano a través de diferentes preguntas que guiarán esta firma, seguidas de respuestas de autores de renombre y una reflexión final.
¿Qué hay de vida en la muerte? Sócrates, reconocido por la consistencia entre su obrar y su pensar, fue juzgado por no reconocer a los dioses atenienses y por supuestamente corromper a la juventud. Fue condenado a morir ingiriendo una infusión de cicuta, potente veneno de la época. Su muerte, relatada por Platón, da evidencia de la forma en que aquel asumió su injusta sentencia y la entereza con la que se comportó.
Ciertamente, la muerte no es justa. Viene, llega y rompe al ser humano y a aquellos con los que se vincula desde lo emocional. La muerte es una condena de la propia vida. La vida es una condena de la propia muerte, dejando entrever una cierta justa injusticia de la existencia.