
El arte de elegir para evitar la miopía de la percepción
Quien ama indiscriminadamente todo cuanto existe se convierte en un pésimo juez de carácter y calidad. No se puede renunciar al arte de elegir. Aquello que se concede con excesiva liberalidad se devalúa a sí mismo. Lo que es accesible en todo momento deja de ser significativo.
Como quien permanece demasiado tiempo encerrado en un mismo círculo, ya sea económico o social, uno pierde el punto de referencia con el que medir, valorar e interpretar el mundo. Y sin contraste, la percepción se vuelve miope; todo parece normal simplemente porque todo es habitual.
Organizar el mosaico de la percepción es algo caótico hasta que el proceso sensorial cobra objetividad y realidad.