
El orden que precede a la libertad
Tanto para Nietzsche como para Dostoyevski, la libertad requería de una coacción. Por este motivo, ambos reconocían la vital necesidad del dogma de la Iglesia, aunque estuvieran en contra de la verdad impuesta de la misma. El individuo debía ser coaccionado, moldeado por una estructura disciplinaria restrictiva y coherente, antes de poder actuar de forma libre y capaz.
Dostoyevski, con su gran generosidad de espíritu, concedió a la Iglesia, por corrupta que estuviera, una cierta compasión y un cierto pragmatismo. Pero poco después, el dogma de la Iglesia se vio socavado por el espíritu de la verdad que la propia Iglesia había desarrollado. Semejante subversión culminó con la muerte de Dios, metafóricamente hablando.
Pero la estructura dogmática de la iglesia era una estructura disciplinaria necesaria. Fue después de la muerte de Dios que los grandes horrores colectivos del comunismo y el fascismo se desataron tal y como ellos dos habían predicho que ocurriría.