
La paz construida sobre una ficción exige nuevos sacrificios
Los superhéroes nunca fueron dioses, sino hombres intentando imponer orden sobre un mundo que no entienden. Tristemente, casi todos acaban pareciéndose peligrosamente a aquello que juraron combatir. El dilema nunca fue quién tiene más fuerza, sino quién está dispuesto a mentir por la paz.
Es administrar el caos a cuentagotas, y puede que una mentira colosal sostenga la moral de una civilización. El mundo grita pidiendo salvación mientras se tapa los oídos para no escuchar la verdad, y lo más inquietante no es el crimen fundacional, sino nuestra disposición a convivir con él siempre que nos prometa orden. Cuando los héroes asumen el derecho de decidir la verdad por todos, dejan de ser guardianes y se convierten en arquitectos del mito. Y toda paz construida sobre una ficción exige, tarde o temprano, nuevos sacrificios para sostenerla. No tememos al caos, tememos la responsabilidad de mirarlo sin máscaras y reconocer que su raíz también nos pertenece.