
La seguridad es una celda de criterio
Verás, con el paso de los años uno cree saberlo todo, pero no. No es más que un síntoma más de la decadencia. Además, las certezas aumentan en inversa proporción a los aciertos. O simplemente ser demasiado inteligente enloquece a cualquiera.
¿Sabes qué es lo curioso? Que nadie se da cuenta del momento exacto en el que empieza a romperse. No hay música, no hay aviso. Solo un día te escuchas hablar y suenas como alguien que ya ha decidido demasiado. Da igual, yo lo tengo claro, dices. Pero claro, ¿el qué? Porque cuanto más claro lo ves, menos margen de maniobra te queda. Es como ir cerrando puertas tú solo, una detrás de otra, hasta que te quedas en una habitación que llamas criterio.
Y suena bien, ¿eh? Criterio. Tiene un peso, tiene autoridad. Pero también es una celda. Y ahí estás tú, caminando en círculos convenciéndote de que elegiste estar ahí dentro. Lo gracioso es que antes dudabas más, pero respirabas mejor. Ahora aciertas menos de lo que crees y fallas más de lo que admites, pero lo sostienes con una seguridad casi elegante. Casi.
Da igual, es experiencia, dices. Ya. O igual es un miedo con traje, porque al final no se trata de saber más, se trata de cuánto estás dispuesto a seguir dudando sin volverte loco. Y eso, eso sí que no te lo enseña nadie.