
El amor es aprender a compartir lo que nos apasiona
La residencia de la belleza
El pasado domingo coincidieron dos eventos que, al menos en casa, seguimos con sagrada religiosidad. Y ahí estábamos a las 8 de la tarde, mi mujer y yo, cada uno delante de una pantalla. Ella con el inicio del COAG de Cádiz y yo viendo a mi Barça ganar otro Clásico.
En mi casa, aunque siempre se había escuchado carnaval al llegar febrero, nunca llegamos a ser aficionados a Siduos. En su casa, por su parte, aunque se veía fútbol, lo que menos se veía era el Barça. Ahora, después de casi cinco años de relación, cuando llegan los partidos del equipo azulgrana, ella suele sentarse a mi lado a verlos, al menos los más importantes. Y así también suelo hacer yo cuando llegan las fases más importantes del concurso de agrupaciones.
Se trata, en definitiva, de compartírselo uno al otro y de compartir lo que tanto nos apasiona. Es decir, sin embargo, que si se trata de aprender, ella ahora sabe mucho más de fútbol que yo de carnaval. En otras palabras, aprender del amor y amar cada momento que podemos compartir con quien nos ama, tratando de hacer de la vida algo más bonito, porque como sabéis, allá donde es más difícil encontrarla es donde reside la mayor de las bellezas.
Aprender del amor y amar cada momento que podemos compartir con quien nos ama, tratando de hacer de la vida algo más bonito, porque como sabéis, allá donde es más difícil encontrarla es donde reside la mayor de las bellezas.