
El amor es un tsunami que redefine el proyecto de vida
La semana pasada anuncié que hoy tocaba hablar de amor. Y me van a permitir los oyentes que me lleven la firma esta vez al terreno personal. Y es que hace dos días se han cumplido cinco años desde que empecé la relación con la que ahora es casi mi mujer. Casi, porque solo nos falta un día ir al juzgado y terminar de formalizar esto. Pero ya llegará, todo a su tiempo.
Nos conocimos en plena pandemia, en un momento en el que yo ya casi había desistido de la idea de volver a enamorarme. Pero como esto del amor es algo que no puedes controlar y que ocurre cuando menos te lo esperas, pues allí, en el cole donde ambos trabajábamos, surgió todo. Aún recordamos la cara de la jefa de estudios cuando nos vio cogidos de la mano en vacaciones de Semana Santa, después de todo un trimestre intentando que nadie en el colegio se enterase de que estábamos juntos.
El caso es que aquel tiempo me trajo un buen trabajo y me la trajo a ella. Cuando el miedo y la desesperación se hacían presentes en el mundo, a mí me sonrió especialmente el amor. Y hoy es cuando lo puedo decir con más convencimiento. Allá donde es más difícil encontrarla es donde reside la mayor de las bellezas.