
La belleza de detenerse para volver a ser uno mismo
Un pirata sin barco no es un pirata. Un poeta sin pluma no es poeta. Un maestro sin voz no es maestro. Y eso es lo que me pasó, que siendo maestro me quedé sin voz. Lo que me hizo verme forzado a coger una baja y separarme de mi labor docente durante unos días, en los que pasé muchas mañanas en la soledad de las cuatro paredes del despacho que tengo montado en casa, entre pelis, libros y videojuegos.
Durante ese tiempo reflexioné mucho, me miré desde otra perspectiva y me percaté de que muchas veces la responsabilidad tira de nosotros sin piedad y no nos damos cuenta, hasta que es demasiado tarde, de que es necesario parar y recuperarse para volver a ser uno mismo. Y ahí, entre medicamentos y desvaríos varios, pude ver una vez más, al reencontrarme, que allá donde es más difícil encontrarla es donde reside la mayor de las bellezas.