
La belleza reside donde es más difícil encontrarla
La búsqueda de la esencia
Me llamo Daniel J. Marcos. Aunque no siempre he firmado de este modo, creo que ahora mismo es el nombre con el que me siento más identificado. Hubo un tiempo en el que me hice llamar el buscador de esencias, pero eso ya pasó a la historia. Si tengo que decir quién soy o a quién me dedico, incluso ahora que con 40 años empiezo a tener las cosas un poquito más claras, tampoco me atrevería a afirmar nada rotundamente.
Puedo decir que soy maestro de inglés. Quizá no el mejor, ni el más técnico, ni el que sigue las metodologías más modernas e innovadoras, pero sí que intento hacer feliz a mi alumnado con mis clases y procuro mantenerlos motivados para que aprendan un poquito de esta lengua. Pero no solo soy maestro, me dedico a algo más que todavía no me da el suficiente dinero, pero que me hace muy feliz: ser escritor. Tampoco soy el mejor en esto, pero intento pasarlo bien cuando me dejo llevar por las letras y me paso horas inmerso en alguna historia que surge de mi cabeza. Algún que otro premio por ahí me he llevado en el género de la poesía.
Y así, entre pupitres, pizarras digitales, libros, letras y el teclado de mi ordenador, vivo y sobrevivo en este mundo que nos ha tocado, que es una mierda, con todas las letras, pero una mierda de la que trato de sacar todo lo bueno, porque incluso ahí, en la misma mierda, donde es más difícil encontrarla, es donde reside la mayor de las bellezas.
Entre la rutina y la pasión
A veces me pregunto si servía para esto. He tenido muchísimas dudas durante muchísimo tiempo y he estado a punto de abandonar en muchísimas ocasiones. La educación ahora mismo está muy complicada; los niños cada vez tienen menos capacidad de atención por los móviles, las tablets y los juegos. Hay mucha distancia entre el mundo real y el mundo educativo, y cada vez se hace más difícil. Pero al final he seguido ahí luchando, me he replanteado muchas cosas y, poniéndolo todo en una balanza, ahora mismo estoy muy feliz siendo maestro.
Dar clase es la parte más aburrida y rutinaria de ser maestro; por eso tenemos que estar inventando estas cositas para divertirnos nosotros, para que se diviertan los niños y, sobre todo, para mantenerlos motivados. El objetivo principal es que vengan a la escuela a ser felices.
En cuanto a mi faceta de escritor, empecé con relatos cortitos que tengo guardados en un ordenador y luego pasé a la poesía porque sentía la necesidad de expresarme poéticamente. Tuve la suerte de ganar algunos premios en Ceuta, pero siento que la poesía como que ya se me ha acabado; todo lo que tenía que decir poéticamente ya está dicho.
El año pasado hice un máster de escritura creativa para unir mi trabajo con mi pasión. Para el TFM tuve que escribir una novela autoficcional que es muy íntima y dura, y no sé si algún día verá la luz. Sin embargo, este verano terminé una novela de fantasía llamada La maldición de las hadas. Me puse a escribirla prácticamente todas las noches, llegando a estar hasta las 7 de la mañana porque no podía parar. La he subido a Wattpad con la intención de crear una comunidad de lectores y recibir ese feedback que te permite saber qué les gusta más y qué menos de los personajes.
Mi intención es que la firma, tal y como salga aquí en COPE, aparezca unos días después en mi canal de TikTok. Me cuesta un poquito el hecho de promocionarme a través de las redes porque de marketing no tengo ni idea, pero quiero aprovechar ese filón para que me conozca un poquito más la gente.
En la misma mierda, donde es más difícil encontrarla, es donde reside la mayor de las bellezas.
A pesar de que ahora mismo no tengo mucha fuerza para coger otra cosa más porque estoy preparando un coro navideño, una obra de teatro y un taller de escritura con los niños, mi intención es seguir buscando esos pequeños detalles y esas pequeñas cositas donde se puede encontrar un momentito de felicidad e inspiración, a pesar del mundo que nos ha tocado vivir.