
La belleza reside en la dificultad de la lucha
El resurgir desde la sombra
Cuando cumplí 30 años, la muerte me susurró poemas al oído. Me habían ingresado en el hospital después de varios meses horribles y estaba seguro de cuál iba a ser el diagnóstico. Sin embargo, tuve suerte y no fue cáncer como yo pensaba. Si bien, al mirarme al espejo nada más salir del hospital, me di cuenta de que la pesadilla no había terminado y caí en un agujero oscuro de constante lucha contra la vida y contra mí mismo, tratando de descubrir ¿qué quería seguir teniendo a mi lado? ¿qué quería dejar atrás? En definitiva, ¿quién era yo? ¿Y por qué estaba en el mundo?
En ese tiempo volví a hablar con monstruos y demonios que creía tener olvidados y en una búsqueda constante de falso hedonismo me dejé envolver por sombras que me duraron el horizonte. Fueron varios años en los que dejé atrás dos trabajos, dos relaciones, en los que perdí a mi padre y a mi primer perro. Y a creer que nada tenía sentido y que mi único destino era ahogarme entre aquellas sombras.
Pero empecé a resurgir. Encontré una pareja maravillosa que me hace feliz cada día. Abracé la escritura como refugio emocional y estandarte de libertad. Empecé a disfrutar por fin de mi trabajo como docente cada mañana. Ahora, diez años después de aquella vez en la que no hiciese irme con la muerte, con cuarenta, he aprendido que en las sombras, en la oscuridad, en la tristeza y en el desasosiego, siempre hay algo a lo que agarrarse, algo de lo que enamorarse y algo que te inspira a seguir mirando hacia adelante, porque allá donde es más difícil encontrarla es donde reside la mayor de las bellezas.
La vida te ofrece encrucijadas a las que debes enfrentarte, salir airoso, despejar el camino de las sombras que a veces te envuelven y quieren llevarte. Dependen de ti y de aquellos que te rodean. La residencia de la belleza.