
La belleza reside en la memoria de lo perdido
Mañana, 7 de marzo, es una fecha que tengo clavada en el alma desde hace muchos años. Es el día en el que, después de varios meses de sufrimiento y agonía, nos dejaste. El maldito cáncer que tantas vidas nos roba y que en aquella ocasión fue la tuya la que se llevó. Desde aquel día dejé de dedicarle poemas a la muerte. Incluso llegué a pensar que, con mi tendencia literaria hacia todo lo oscuro, la había llamado.
El 7 de marzo de 2012 falleció mi madre. Y cuando pienso en todo lo que envolvió aquel tiempo en el que se fue, es cuando menos consigo creerme eso que suelo decir siempre: que allá donde es más difícil encontrarla es donde reside la mayor de las bellezas.