
La energía de la superabuela y el legado de la resistencia
El legado de una vida de luces y sombras
Muy lejos de enfadarme, lo único que hice fue reírme con aquellas ocurrencias. Francisca era una mujer fuerte, con las ideas muy claras, y nunca permitió a nadie arrebatárselas. Ella era la abuela de mi mujer, y dejando atrás aquellas primeras palabras, siempre me trató como a un nieto más, con todo el amor, cariño y comprensión del mundo.
Falleció el pasado martes 2 de diciembre a la edad de 99 años. Casi un siglo, y tuvo tiempo de vivir una guerra civil, mucha hambre y tres sistemas de gobiernos, dos de ellos tan antagónicos como la Segunda República y la dictadura, para terminar, ya en sus últimos años, por si fuera poco, sobreviviendo a la pandemia del COVID. Luchó hasta el último momento a pesar de todo lo que se interpuso en su camino y se fue rodeada de todos y acompañada hasta su último suspiro.
En nuestro recuerdo siempre quedará grabado aquel momento en el que, después de habernos dado de cenar muy abundantemente a su nieta y a mí, nos dijo aquello de: «en la nevera hay queso por si todavía teníamos hambre». Otra de sus frases míticas era aquella de «cuerpo tendido si no duerme descansa», que nos repetía cada vez que le decíamos que no podíamos dormir.
Vivió una vida de muchas luces y también de algunas sombras, que siempre superó con la energía de superabuela que la caracterizaba, tratando de encontrar todo lo bueno que había en la vida. Porque como solemos decir aquí, allá donde es más difícil encontrarla es donde reside la mayor de las bellezas.
¿Qué sería de las familias sin ellos? Lo mismo son el sustento que la acogida o los niñeros, el amor incondicional. Vulnerables y, sin embargo, muchos rodeados por la soledad. Maestros de vida, siempre estaremos en deuda con su legado. La residencia de la belleza. Daniel Marcos.