Entrevistas
La trabajadora social Carmen Talego destaca el valor de los talleres de teatro para la reinserción en el centro penitenciario
El Centro Penitenciario de Fuerte Mendizábal de Ceuta ha obtenido el premio al mejor corto penitenciario en la 14.ª edición del Festival Internacional de Cortos de Daroca. El galardón, otorgado por unanimidad por el jurado, fue para el cortometraje Café Amargo, una obra rodada íntegramente en el centro y protagonizada por sus internos. Carmen Talego, trabajadora social del centro y directora del corto, explica que este reconocimiento es fruto de un trabajo en equipo que busca la concienciación y la reeducación a través del arte.
Un proceso de creación colectiva
El proyecto nació a partir de la implantación de un taller de teatro en el centro penitenciario, dirigido por Talego. Según explicó la trabajadora social, el taller incluye actividades de improvisación, poesía y microrrelatos. En el caso de Café Amargo, el guion y la dirección artística corrieron a cargo de Talego, mientras que la producción, edición y dirección técnica fueron realizadas por Moisés Dorado, otro compañero del centro.
La obra se estrenó con motivo del 25N y aborda, de forma sencilla pero directa, la violencia de género y las actitudes machistas. Talego describe la trama como una escena en una cafetería donde dos amigas y dos amigos conversan por separado sin comunicarse entre sí, mientras se intercalan diálogos donde se reflejan comportamientos intolerables y la justificación de estos por parte de las mujeres.
El valor de la participación voluntaria
Talego destaca que los internos participan en estas actividades de forma voluntaria y sin ninguna remuneración ni permiso especial. Según la trabajadora social, la implicación y la ilusión de los internos son fundamentales para el éxito de los proyectos. «Es que lo que ellos te dan, la satisfacción que ellos te dan, si la gente fuera consciente y viera cómo se implican, cómo se ilusionan, una actividad voluntaria, que no se hace a cambio, no les damos nada a cambio, ni nada remunerado, ni permiso», afirma.
Para Talego, el trabajo en el centro penitenciario es un «absoluto placer» y una herramienta de transformación. Describe la prisión como un microcosmos donde los internos tienen la oportunidad de adquirir habilidades y aprovechar las herramientas que ofrece la Secretaría General y el Ministerio.
Un esfuerzo de equipo por la reinserción
La trabajadora social subrayó que el reconocimiento del centro no es fruto de una labor individual, sino del esfuerzo de todo el equipo de educadores y trabajadores. El centro cuenta con diversos talleres de atletismo, igualdad, manualidades y programas contra las drogas, todos orientados a la reeducación.
Talego concluyó señalando que el objetivo principal de los trabajadores penitenciarios es contribuir a que las personas privadas de libertad aprendan a ser mejores ciudadanos al salir. «Tenemos una obligación social que es contribuir a que las personas privadas de libertad, pues cuando salgan hayan aprendido algo y aprendan a ser mejores personas y mejores ciudadanos», sentenció.
«Es que lo que ellos te dan, la satisfacción que ellos te dan, si la gente fuera consciente y viera cómo se implican, cómo se ilusionan, una actividad voluntaria, que no se hace a cambio, no les damos nada a cambio, ni nada remunerado, ni permiso».