
El eco de la fragua: del mito de Velázquez al cante de Ceuta
En la sección «CurioseArte» de COPE Ceuta, Arturo Fuentes Cabrera explora cómo una obra de arte del siglo XVII puede servir de puerta de entrada para desentrañar los orígenes del flamenco y sus vínculos con la historia de Ceuta. El relato parte de Las fraguas de Vulcano, una pintura de Diego Velázquez realizada en 1630, para navegar por la mitología, el trabajo manual y la identidad cultural de una ciudad que hoy celebra su 55.ª edición del Festival Flamenco.
La infidelidad en la fragua
Velázquez, descrito por Fuentes como el pintor capaz de captar lo invisible, retrata en esta obra una escena de laboriosidad extrema: hombres trabajando bajo el calor y el fuego de una fragua. Sin embargo, el cuadro esconde una narrativa mitológica convertida en cotidianeidad. Según la interpretación del autor, la obra captura el instante en que Apolo revela a Vulcano la infidelidad de su esposa con el dios Marte.
Fuentes destaca la maestría de Velázquez al situar un drama del Olimpo en el entorno más rudo y terrenal del siglo XVII. El sonido de la fragua —el golpe del martillo y el yunque— no solo proporciona el ritmo del trabajo, sino que se convierte en el escenario donde nace un arte mayor.
El triángulo mágico del flamenco
El autor establece un puente entre el sonido de la fragua y el cante flamenco, argumentando que este último nace en contextos similares de marginación, dolor y resistencia. El flamenco no es un fenómeno unitario, sino un «triángulo mágico» que fusiona tres vertientes culturales: la herencia gitana (con su modulación vocal característica), la herencia árabe y judía (visible en los melismas y los quejíos) y la estructura del folclore autóctono andaluz.
En este crisol, la fragua fue el epicentro de vida comunitaria y musical. De este entorno metalúrgico nacieron los palos más puros, como las tonadas, la debla o la carcelera. El sonido del martillo no solo marcaba el ritmo del trabajo, sino que se grababa en la memoria de los trabajadores, convirtiéndose en el compás de una música que nació en la clandestinidad de los suburbios.
El legado de Ceuta en el flamenco
El relato culmina con la conexión directa de este arte con la ciudad de Ceuta. Fuentes reivindica la importancia local del flamenco, recordando que el primer guitarrista de Camarón de la Isla fue Antonio López Arena, nacido en Ceuta en 1929. Asimismo, destaca la figura de Manuel Molina, guitarrista y cantador de Lole y Manuel, quien también nació en la ciudad, defendiendo la pureza de una improvisación que rechazaba la mecanización de los estudios de grabación.
Finalmente, el autor comparte un hallazgo literario: una copla inédita dedicada a Ceuta, extraída de la antología Pensamiento Político en el Cante Flamenco de José Luis Ortiz Nuevo. La copla, interpretada por José L. Santiago, reza:
«Cristo del portal de Ceuta, amparo de presidiarios, amparame a mí que voy a presidio por diez años».
La pieza cierra con una coincidencia temporal: el día en que se descubrió esta copla es el mismo en que el Cristo del Puente sale de Ceuta para su restauración en Sevilla.
¿Tú sabes que con un solo palo se puede gobernar un trozo de tierra?